Hoy debería ser una fiesta cívica, por los 102 años de promulgada nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pero en cambio, es una pena se haya impuesto la cultura del olvido y el asueto, del burocratismo y la desmemoria.

La historia, compañeras y compañeros legisladores, no miente: ¡Quien no sepa de dónde viene, difícilmente sabrá a dónde va!

El mismo Epicuro de Samos lo advirtió: “un pueblo que olvida las grandes hazañas de su historia, es viejo y moribundo”.

Pero no es nuestro caso, no en MORENA, no en quienes sí conocemos nuestra historia.

El 5 de febrero de 1917, inició un ciclo en la historia de la República y en la vida constitucional de nuestro país.

Tras una serie de movimientos armados contra el régimen porfirista, distintos en sus objetivos, y habiendo triunfado la causa constitucionalista, el primer Jefe encargado del Poder Ejecutivo de la Nación, Venustiano Carranza, convocó a elecciones para un Congreso Constituyente.

Así, el 1º de diciembre de 1916, se instaló en la ciudad de Querétaro la Asamblea de representantes electos.

La idea originaria de Carranza era conservar intacto el espíritu de la Constitución de 1857, por eso, el jefe del Ejército Constitucionalista envió al Congreso Constituyente un proyecto moderado, tal como da cuenta de ello la exposición de motivos del proyecto de Decreto.

Francisco J. Múgica señala que le tuvieron que enmendar la plana en los siguientes términos:

“Enderezamos alambicados “considerandos” que expusieran nuestra filosofía y nuestros pensamientos, para concluir con resoluciones firmes y enérgicas… Deseábamos hablarle al pueblo no sólo con la razón legal de la guerra sino de la oportunidad, de vindicar todas las usurpaciones desde la de la tierra hasta la del poder, desde la económica hasta la política”.

Por lo tanto, los 218 Diputados Constituyentes que representaban a sus Estados y al entonces Distrito Federal, más que reformar produjeron un nuevo ordenamiento jurídico.

Respetando aquellos principios básicos de la Constitución de 1857, que tienen carácter de inamovible, como los derechos del hombre, la soberanía popular, la división de poderes y la supremacía constitucional, en el texto de la Carta Magna de Querétaro no sólo se hicieron figurar los anhelos de redención definidos y defendidos en el campo de batalla por los revolucionarios, la Constitución de 1917 superó por mucho los moldes de otras Constituciones, al elevar a rango constitucional, por primera vez en el mundo y antes que la de Weimar, los derechos sociales.

Claro ejemplo de ello son: el artículo 3, sobre la educación; el artículo 27, concerniente a la propiedad de la tierra y al dominio directo de la Nación sobre la riqueza del subsuelo y los recursos naturales; y el artículo 130, hoy 123, donde se estableció el régimen de derechos laborales para la clase trabajadora.

Contra lo que muchos suponen, estos anhelos de justicia social no han sido borrados de la memoria de millones de mexicanos y mexicanas, a pesar de los pésimos gobiernos de derecha del PRI y del PAN y de sus políticas neoliberales.

La Carta Magna que emanó del Constituyente 1917, fue, es y seguirá siendo, fuente insuperable de legitimidad porque en ella se escribió, con tinta indeleble de la gesta revolucionaria de 1910, el proyecto de Nación, que incorpora al pasado y proyecta el futuro; es la prueba fehaciente de lo que generaciones de mexicanos han sido y la más elevada manifestación de lo que queremos ser.

Por eso, en el Grupo Parlamentario de MORENA, consideramos que la conmemoración de los 102 años de nuestra Carta Magna, es el momento propicio para una revisión crítica de la norma jurídica de mayor jerarquía de nuestro país, al tiempo de reafirmar las convicciones de libertad, justicia, democracia y derechos humanos.

Cuando se lee la Crónica del Constituyente de 1916-1917, inmediatamente se identifica en el diario de los debates el ánimo, la pasión, la inteligencia y la claridad de los objetivos, pero sobre todo, el compromiso por llevar a la máxima ley del país los anhelos de la Revolución, y plasmar la obligación ineludible de que el Estado reivindicaría a la sociedad mexicana, haciendo justicia a quienes más lo necesitaban.

Hago un paréntesis, para señalar a quienes no entienden en qué consiste la Cuarta Transformación, que esta labor reivindicatoria de los anhelos de nuestro pueblo es la que el día de hoy el Gobierno de la República del Presidente López Obrador, está tratando de hacer realidad.

Cierro el paréntesis y señalo que a pesar de sus diferencias, los Diputados Constituyentes supieron encontrar acuerdos en lo fundamental.

A decir de Heriberto Jara, todos los Constituyentes llevaron una representación genuina: hubo radicales y moderados, pero todos revolucionarios; todos en la misma línea, buscando la realización del gran fin.

Llevaron a la tribuna y a las comisiones, los reclamos de la sociedad. No obedecieron la consigna del encargado del Ejecutivo, como muchas veces ocurre aquí, que se acata sin reserva alguna los designios del Gobernador.

Hace 102 años, esos Rebeldes a la manera de Camus, dijeron no, escucharon a su pueblo, y fue la voz de sus representados la que prevaleció.

Hoy, ese es el ejemplo que esta Asamblea debería dar a la sociedad zacatecana.

Ernest Renan, hacia 1882 se preguntaba ¿Qué es una Nación? Resolvió definirla como: “[…] una gran solidaridad constituida por el conocimiento de los sacrificios que se han hecho y de los que se está dispuesto a hacer […] La existencia de una Nación es un plebiscito cotidiano.”

Situarnos en el momento que nos define como Nación, y entender a la Constitución como el documento que afirma ese plebiscito, debe motivar la reflexión en el marco  de sus 102 años de vida.