Durante las últimas semanas, el Presidente Andrés Manuel López Obrador tocó fibras sensibles de sus detractores sociales, de la oposición política a su gobierno y de sectores económicos que se dicen agraviados por el nuevo modelo de desarrollo que instauró -y está tratando de consolidar- la 4T, al señalar que el Producto Interno Bruto (PIB) no debe ser ya considerado como el principal indicador para medir el avance de la Nación.

Ello, le ha valido una serie de críticas que resultan infundadas a nuestro parecer, ¿Por qué? Porque olvidan el origen del PIB y su principal función en ese momento. Diane Coyle de la Universidad de Cambridge, y autora de PIB: Una breve pero cariñosa historia, nos recuerda que en Nueva York, el economista Simon Kuznets quería encontrar la manera de medir la economía en su conjunto para ayudar a salir de la Gran Depresión, por lo que creó un conjunto de indicadores entre los que se encontraba el PIB, mismos que se desarrollaron dentro del Bureau of Economic Analysis.

Sin embargo, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el economista británico John Maynard Keynes, dijo: “No necesito saber cuánto bienestar hay, porque estamos en una guerra y eso no es bueno para el bienestar. Lo que necesito saber es cuánto puede producir la economía y cuál es el mínimo indispensable que la gente necesita consumir, para saber cuánto sobra para financiar la guerra”.[1]

En medio de la guerra, el triunfo es lo más importante, así que el enfoque inicial del PIB cambió. En la etapa de posguerra, “Estados Unidos de América necesitaba saber cómo le estaba yendo a los receptores de la ayuda que daba para la reconstrucción, por lo que todos comenzaron a usar el PIB. Así, esa iniciativa angloamericana se extendió gracias a las Naciones Unidas y se convirtió en el estándar global».[2]

Por eso es que no es errado decir que el PIB es una excelente medida de cantidad, aunque en calidad y bienestar es muy mala. Es precisamente por ello que, poco a poco, comienza a ganar terreno en las corrientes de pensamiento económico la idea de no quedarse en el PIB como indicador único, central o principal del progreso de una Nación.

Bután, Nueva Zelanda, China o movimientos como el de los ambientalistas y socialdemócratas, o en el mismo Foro Social Mundial, han promovido Indicadores Genuinos de Progreso. Al PIB, forzosa y necesariamente, hay que complementarlo con el Producto de Bienestar Interno, el Producto de Resiliencia y Recuperación Ecológica, el Producto de Integridad Nacional, el Índice de Desarrollo Humano, la Felicidad Nacional Bruta o el Indicador de Buen Gobierno.

Sin olvidar lo importante que es el crecimiento económico, igual o más importante es el hecho del bienestar social, del cuidado al medio ambiente, y en tiempos del Covid-19 el tema de la calidad de vida y de la salud. Esa es la apuesta del Presidente López Obrador. A eso se refiere cuando pide complementar el desempeño de la economía en su conjunto con otras dimensiones para valorar el genuino grado de desarrollo y felicidad de un pueblo, de lo contrario el PIB, por sí solo, es un indicador aislado y limitado de progreso.

Y que quede claro, no es usual ni casual que el llamado para voltear la mirada al bienestar de la gente, se dé en un contexto donde se ha puesto en marcha la política social más importante de los últimos cincuenta años en nuestro país. Ello supone tener claridad en la idea de aprender, de una vez por todas, a distribuir la riqueza, la justicia y la esperanza.


[1] Por qué muchos economistas, incluido su creador, piensan que el PIB es una medida absurda,  BBC, 11 de agosto de 2018, https://www.bbc.com/mundo/noticias-45122151?fbclid=IwAR1eQ7DfxC6yBZ1lE0Lr3mNvk-PyF6UW0MwgmfCOmc1Yt-OfxNNQjoM0nzo

[2] Ídem.